Cosmópolis. El capitalismo es un fantasma.

 

 

Film de Ciencia ficción estrenada el 25 de mayo de 2012 en el Festival de Cine de Cannes, escrita, producida y dirigida por David Cronenberg, basada en la novela: “Cosmópolis” de Don Delillo. Protagonizada por Robert Pattinson, acompañado de las excelentes interpretaciones de Juliette Binoche y Paul Giamatti. Lo que sigue a continuación no pretende ser sólo una referencia a un film por simple azar, sino una recomendación para aquel lector interesado en buscar interpretaciones ficcionadas o metafóricas, de la actual crisis del sistema capitalista a la que asistimos hoy.
En el historial de la producción cinematográfica de Cronenberg, encontramos varios títulos vinculados a la ciencia ficción y al horror, para recordar: The Brood (1979), Scanners (1981), The Fly (1986), eXistenZ (1999). Sin embargo en los últimos años, podemos ver otros que se basan en la realidad cotidiana, la naturaleza del ser humano y los problemas vinculados a la sociedad actual; A History of Violence (2005), Eastern Promises (2007), A Dangerous Method (2011).
Cosmópolis está destinada a un público reducido, ya que presenta por momentos diálogos que exigen concentración y con un contenido para algunas personas difícil de aceptar. Pero que merecen toda la atención, si usted desea asistir a un guión dónde lo que se cuestiona y analiza es la estructura de los sistemas de transacción económica que inciden en el modo de interacción social, logrando ser una versión alternativa de nuestro mundo.
En un futuro no muy lejano, Robert Pattinson (se puede ver en: The Twilight Saga: New Moon -2009- / Eclipse -2010-; Water for Elephants -2011-) interpreta a un joven multimillonario -Eric Packer- especulador de divisas o de activos que habita en el centro financiero del mundo, New York, esa ciudad que como dicen sus nativos es altamente adictiva a ella misma. La lógica de la situación se presenta de una manera sencilla, Eric Packer sube a su limusina equipada con los últimos avances tecnológicos en confort y seguridad, una especie de oficina-casa rodante, para atravesar lentamente la ciudad de Manhattan con destino a lo de su peluquero. Al operar dentro de su limusina se glorifica una metáfora fascista genuina, lo que concentra Packer en su haber es el alcance y dominio absoluto de la utopía actual, la que a través de la tecnología provee un mundo de distracciones, un nicho que me excluye del otro cuando deseo y me protege del exterior, de la crisis financiera, de la desocupación, de la inseguridad y la violencia física. De la otra realidad no menos real.
En primera instancia va acompañado de su chofer, el cual oficia de guardaespaldas y vocero de su seguridad, con conocimientos de un ex-mercenario militar. En el camino se suceden diversas situaciones que transforman y le dan el giro necesario a la historia, por un lado los atascos en el tráfico causados por la inminente visita del Presidente de los Estados Unidos lo que aparentemente desata una especie de protesta masiva en las calles, en repudio contra el sistema se pueden ver diversas situaciones violentas que sugieren el agotamiento de los mecanismos de las estructuras sociales, entre los que se destacan: una persona
inmolándose y un cartel electrónico de los que usan para anunciar las fluctuaciones de la bolsa de valores, en dónde se puede leer: “Un espectro está obsesionando el mundo: el espectro del capitalismo”. Simbología que revela la imposibilidad que tiene nuestra sociedad de poder manifestarse y luchar por cambiar el presente utilizando como herramienta la ideología, algo que caracterizó a las generaciones de los siglos XIX y XX.
Por otro lado en el transcurso del viaje por la ciudad, se suben a la limusina diferentes personajes, que reflejan las caras que integran y son partícipes de la vida de nuestro protagonista: asesores de negocios y finanzas, su apática esposa, su amante, un médico que lo chequea diariamente, etc. Sólo en contadas oportunidades se baja de la limusina para interactuar con el resto del mundo, entre ellas cuando llega a lo de su barbero-peluquero, quién era amigo de su fallecido padre. Actividades que no son otra cosa que un compendio de rituales obsesivos, producto de cierta patología del orden y las estructuras, que definen a Eric Packer como aquel que a partir de cumplir con obediencia necesita incursionar en desafíos que no promueven nada detrás, sólo la angustia que produce saber que luego de conseguir esto o aquello, no hay nada. Es decir, para que no se lesione ese orden, se asiste a una fascinación por la catástrofe, por lo que puede venir después, hago esto o aquello por temor de que me pase algo terrible. Un claro ejemplo es su obsesión por los diagnósticos de su médico sobre el estado de su próstata.
Eric Packer –quién representa un icono del homo-capitalista- nos revela el hartazgo final que éste sufre al poder obtener todo lo que pueda desear (Por ejemplo cuando desea comprar una Iglesia, la Capilla Rothko) siendo ese el conflicto que lo motiva en su búsqueda de una emoción que lo conmueva, de vivir en carne propia el estupor al propiciar situaciones límite sólo por diversión. El protagonista termina siendo un reflejo fisiológico de la conmoción y el estado crítico de la sociedad, viéndose expresado en su propia conducta el sistema en su estado de degradación, como el capitalismo se agota sobre sí, consecuencia desatada por la manera de distribución de la riqueza.
Todo radica en la cuestión de la relación entre los índices económicos con la calidad de vida, la relación o el impacto de uno sobre otro, como la calidad de vida depende de ellos en la medida de que ésta última es buena porque los índices económicos así lo favorecen, el film propone como la actual cultura global está gobernada por éstos. Es ese punto de inflexión en que la sociedad se odia a si misma, buscando desesperadamente una solución radical, como decíamos antes ya no buscando alternativas políticas, proyectos dónde la preocupación sea evolucionar la inteligencia de lo social, sino algo brutal como la venganza, la autodestrucción; somos una sociedad que no ha podido superar al capitalismo. En vez de eso lo incendiamos, “el eslovenio Zizek aseguraba que hemos llegado a un punto que resulta más razonable pensar en el fin del mundo o de la civilización que ponernos de acuerdo para cambiar un simple modo histórico de producción” (Sandino Núñez; Prohibido Pensar; Ed. HUM; 2010).

Andrés Capeluto

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